El oscuro destino de los disidentes en la Rusia de Putin

                        Manifestación en memoria de Anna Politkovskaya y contra las políticas de Putin en Finlandia, año 2006 [Foto: Antti Jauhiainen vía Flickr].

Condenado a catorce años por delitos económicos en 2003, indultado diez años después y ahora exiliado. Asesinada en 2006 tras recibir varios disparos en la cabeza al entrar en su casa. Envenado con Polonio-210 en 2006 hasta la muerte. Encontrado ahorcado en 2013 en su casa del sur de Londres. Disparado a quemarropa en 2015 mientras volvía de cenar con su pareja.

Estos han sido los destinos de cinco de los actores más críticos con el presidente Putin desde que se alzó en el poder en 1999, donde continúa mientras alterna la posición de primer ministro con la de presidente del gobierno, puesto para el que fue reelegido el pasado 2012. Si bien es cierto que no se ha comprobado judicialmente que el presidente esté directamente detrás de ninguna de estas acciones, a nadie se le escapa que las prácticas desplegadas por el que fuera director del Servicio Federal de Justicia (antigua KGB) no dejan margen para la disidencia en un país que gobierna manu militari. Además de los cinco casos citados, existen otros ciudadanos anónimos que también han retado al poder consiguiendo los mismos tristes resultados.

Este texto, que pone el foco en la situación de la disidencia rusa, culmina una serie de tres artículos en los que también se ha repasado la situación de la población reclusa en las colonias penales y analizado el sistema judicial ruso y sus corruptelas.

Putin y el magnate del petróleo

Si analizamos la disidencia en Rusia debemos empezar por el caso que estos días ha ocupado brevemente la atención mediática. Este caso es uno de los que se mencionan al inicio de este texto, es el caso del único superviviente de los cinco opositores mencionados: Mijaíl Jodorkovski.

Jodorkovski es uno de los muchos empresarios que, tras la caída de la Unión Soviética en los años ’90, hicieron fortuna. Particularmente, Jodorkovski la hizo a través de la petrolera Yukos que le llevó a poseer una fortuna de más de 8.000 millones de dólares. Pero todo se derrumbó en octubre del 2003 cuando fue detenido por el gobierno acusado de varios delitos económicos.Antes de la detención había estado tejiendo una estructura para dar el salto a política, confiando que su poder podía plantar cara al de un presidente con el que había roto relaciones tres años antes. Tras su fracaso, su empresa fue despiezada y vendida a la competencia, la empresa pública Rosneft, y él cumplió diez años en una colonia penal.

Obtenido el indulto reclamado por la comunidad internacional, se marchó a Suiza, desde donde intenta recomponerse. No es tarea fácil ya que este pasado 8 de diciembre recibió a través de su padre una notificación del Comité de Instrucción acusado de complicidad en el asesinato de Vladimir Petujov, alcalde de una ciudad siberiana, en el año 1998.

Cabe destacar que durante este mismo año, autoridades belgas, francesas y austriacas han bloqueado activos estatales rusos como medida de presión para que el gobierno ruso cumpla la sentencia del Tribunal de la Haya que le obliga a compensar a Jodorkovski con más de 50.000 millones de dólares por la expropiación de Yukos.

La libertad de prensa en la diana

Anna Politkovskaya era una periodista especializada en denunciar los abusos de poder del gobierno ruso, especialmente en reportajes muy críticos sobre la guerra en Chechnya. Antes de ser asesinada trabajaba en el Nóvaya Gazeta desde donde sacaba a la luz las miserias de una guerra trufada de violaciones y asesinatos indiscriminados.

“Chechnya es el reino de la barbarie. Uno de cada dos muertos es un civil abatido de manera sumaria” fue una de las frases con las que resumía la situación que veía y reportaba”

Su asesinato causó una fuerte conmoción en el mundo y pudo servir para que el número de periodistas muertos en el país descendiera, aunque queda la duda de saber si es porque ha cesado la presión sobre el colectivo o porque el mensaje ha calado hondo. De entre los aspectos más ruines del crimen queda el juicio, plagado de notables faltas de rigor, y la posterior condena –ocho años después de los hechos– que ha caído sobre cinco chechenos.

La sentencia no ha conseguido aclarar quién fue la persona que supuestamente abonó 150.000 dólares para que se llevara a cabo el asesinato. El Kremlin se manifestó apenándose de que el crimen “hace más daño a las autoridades, tanto rusas como chechenas, que la propia actividad de la periodista”. Lo que está claro es que el caso despiertó cierto morbo en la sociedad rusa, ya que el día en que la periodista recibió el disparo en la cabeza cuando se disponía a acceder a su domicilio coincide con el cumpleaños del presidente Putin.

2000: El año que inició  el alejamiento

Si Jodorkovski es el más conocido de la lista, el que sin duda supuso el caso más mediático fue el asesinato de Aleksandr Litvinenko en 2006. Teniente coronel del  Servicio Federal de Justicia fue apartado en 1998 después de denunciar el intento de asesinato de Boris Berezovsky para después comenzar un período de alternancia entre la cárcel y la libertad. Finalmente en el 2000 se marchó a Londres, donde ejerció como periodista y consultor. Fue ahí cuando comenzó a publicarlibros explicando las tácticas del servicio de espionaje y su relación en atentados terroristas, de nuevo involucrando al gobierno en la guerra de Chechenia. El 1 de noviembre de 2006 fue envenado con polonio radiactivo. Murió 22 días después mientras fotos suyas en el hospital daban la vuelta al mundo. Amigo de Politkovskaya, también estaba investigando su muerte.

El ya mencionado Boris Berezovsky, a quién Litvinenko intentó salvar, creció al calor de Boris Yelstin haciendo negocios hasta que en 1996 alcanza un relevante puesto como asesor de seguridad nacional de la presidencia en cuestiones sobre Chechenia. Paralelamente, mantenía el control del accionariado privado del principal canal de televisión ruso. Pero fue en el año 2000 cuando rompió relaciones con Putin e intentó organizar una oposición a través de la financiación de partidos alternativos. Diferentes movimientos a su alrededor (como el asesinato de dos de sus colaboradores) le hicieron optar por el exilio en Londres, renunciando a su escaño en la Duma. Desde ahí financió a diversos grupos opositores hasta que fue descubierto ahorcado en su domicilio, el 23 de marzo de 2013. Las causas reales de los hechos aún no han sido aclaradas.

Un Maidán en casa como obsesión

El último de la lista es Borís Nemtsov, asesinado el 27 de febrero de este año en pleno centro de Moscú después de cenar con su pareja, que presenció los hechos. El día después de su asesinato tenía previsto participar en una manifestación contra la guerra en Ucrania, país con el que mantuvo una estrecha relación al haber sido asesor del expresidente Víctor Yanukóvich, al que más tarde acusó de traicionar al pueblo siguiendo los consejo del Kremlin. De hecho, parte de su activismo vino cargado de referencias al país vecino, exigiendo a Putin elecciones limpias para evitar que sucediera un Maidán en suelo ruso, una de las obsesiones de Putin.

Opositor identificado desde el Kremlin como pro-occidental, llevaba años dando forma a grupos liberales contrarios a Putin y fue uno de los fundadores del grupo Comité 2008, grupo de opositores democráticos preocupados por el creciente autoritarismo del presidente.

Los anónimos

La persecución a disidentes se abre a otras esferas. Entre los perseguidos se encuentran ONG’s que velan por los Derechos Humanos, políticos, empresarios, ecologistas, bolcheviques e islamistas. Si nos centramos en los de carácter político, hay que recordar lo sucedido en la plaza Bolotnaya el 6 de mayo de 2012.

Ese día se juntaron varias manifestaciones contra el presidente Putin y a favor del derecho a la libertad de expresión, asociación y reunión. La jornada acabó con grandes revueltas y un notable número de heridos y detenidos. En palabras de John Dalhuisen, director del programa para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional:

“lo que ocurrió en la plaza Bolotnaya el 6 de mayo de 2012 no fue la disolución de un disturbio, sino la aniquilación de una protesta. El juicio del caso Bolotnaya no ha expuesto una violencia orquestada, sino un sistema de justicia penal completamente maleable a los dictados de sus jefes políticos”.

Tender puentes desde la sospecha paranoide

Con motivo de una reunión de la cúpula del Servicio Federal de Justicia –siempre en el centro de estas cuestiones–  del pasado mes de marzo, el presidente pronunció un discurso que puede albergar una cierta esperanza. Putin hizo un guiño a la disidencia cuando dijo “estamos dispuestos a dialogar con la oposición (…) siempre hemos escuchado a quienes critican con fundamento la acción o la inacción de las autoridades”. Sin embargo, continuó su mensaje dejando claro que hay que mantenerse en estado de alerta, ya que servicios secretos extranjeros “no cesan en sus intentos de utilizar para sus fines a las organizaciones no gubernamentales y a las agrupaciones de carácter político”.

En otras palabras, el presidente quiso dejar claro que la oposición es siempre sospechosa de albergar espías occidentales que quieren desestabilizar el país. Las obsesiones de Putin por mantener un sistema político hermético están causando unas profundas heridas en la democracia, tan profundas que hasta causan la muerte a los ciudadanos que se atreven a caminar en el disentimiento. La fachada de libertad que otorgan las elecciones periódicas no puede sobrevivir sin pluralidad democrática.

Foto: Manifestación en memoria de Anna Politkovskaya y contra las políticas de Putin en Finlandia, año 2006 [Foto: Antti Jauhiainen vía Flickr].

Artículo publicado en United Explanations el 28 de diciembre de 2015.

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