De Ucrania a Rusia: un nuevo drama para los tártaros de Crimea

Mustafa Dzhemilev, ex presidente del Congreso del Pueblo Tártaro, deportado el 18-V-1944 y contrario al referéndum en Crimea, vía Flick.

Un año sirve para comprobar el desarrollo de los acontecimientos, para valorar cómo se han gestionado las situaciones y enfrentar las promesas con la realidad. Hace un mes y medio se cumplió el primer aniversario de la anexión de Crimea por parte de Rusia en un movimiento geopolítico rotundo y criticado, exitoso e ilegal. La relevancia del papel que desempañaron los líderes de la población tártara ha ido de menos a más, pasando de un perfil bajo a erigirse como el principal actor de denuncia de las condiciones de su comunidad en la península. La prohibición el año pasado de celebrar el 18 de mayo fue solo el comienzo de unas restricciones que van en contra de la difusión de su cultura y la consolidación de sus derechos.

La histórica relación entre Crimea y los tártaros tuvo uno de sus más abruptos momentos cuando durante la Segunda Guerra Mundial Iósif Stalin les acusó de colaborar con el régimen nazi para después deportarlos (Sürgün). El 18 de mayo de 1944 marcó el comienzo deldestierro hacia las zonas más inhóspitas dentro de la URSS y conllevó la muerte de casi la mitad de ellos debido a las inhumanas condiciones a las que se vieron expuestos. Jrushchov, no restableció su situación anterior, como sí lo hizo con los chechenos. Los tártaros de Crimea debieron esperar a la desintegración de la URSS para poder volver a la región. A día de hoy la población tártara en la península asciende a unos 300.000 habitantes, suponiendo un 12 % del total.

Buscar buenos compañeros de viaje

Medlijis es el órgano directivo y representativo del pueblo tártaro en Crimea y su fundación se remonta a 1991. La naturaleza de la iniciativa respondió a las necesidades lógicas: buscar una organización que represente los intereses en Kiev y restaurar los daños provocados por la deportación. Desde 2013 Refat Chubárov ostenta la presidencia, lo que le convierte en portavoz de la comunidad, aunque este punto ha quedado en entredicho desde la anexión. Dentro de la rueda de contactos promovidos por las autoridades rusas desplazadas a la región se buscaron tártaros con posturas favorables a la integración. Y como siempre que se busca una opinión favorable se acaba encontrando, esta vez no fue menos y consiguieron que el líder Lemur Osmanovdeclarara en público el apoyo de la comunidad tártara de Sebastopol al referéndum. No solo eso, sino que aseveró que el Medlijis impedía que los tártaros se expresaran libremente en las urnas. A cambio de este apoyo, claramente minoritario, Putin reconocía en público que era hora de cerrar las heridas pero dejando claro una idea: “los interés de los tártaros de Crimea están hoy vinculados con Rusia”. Concesiones quizá, pero dejando claro quién manda, sino que se lo pregunten a los líderes tártaros detenidos por “desorden masivo”.

Libros de texto que no se entienden

Una de las exigencias de la población tártara fue la de poder educar a sus hijos dentro de su cultura, con un sistema que garantizase la conservación de su idioma. El cambio que supuso la anexión cortó la proyección que se había mantenido. Muchos de los libros de texto eran editados en Ucrania y como con muchos otros artículos provenientes del mismo origen, el suministro se cortó. Moscú presentóuna alternativa que no satisfizo: proveer a las escuelas de libros de texto, obviando que el tártaro que se habla en Rusiaes distinto al de Crimea. Una decisión desafortunada y un clavo más en el ataúd.

No diga anexión, diga reunificación

El cierre dela cadena de televisión tártara ATR ha venido precedido de una fuerte polémica al comprobar las duras exigencias impuestas a los medios para renovar la licencia en la nueva etapa. Antes de cancelar sus emisiones vieron como sus instalaciones fueron registradas al detalle llevándose cuantiosa documentación. La misma suerte han corrido otras cadenas de televisión (incluido un canal infantil) y periódicos que servían de altavoz para esta minoría. Los hechos han sido denunciados por la OSCE, Amnistía Internacional y otros organismos internacionales, que no han dudado en tacharlo como una “violación de la libertad de expresión”. Mientras, Putin sigue a lo suyo, prometiendo estudiar el asunto pero sin concretar ninguna solución a la cuestión. El aviso es claro: la pluralidad de medios no volverá salvo que se cuiden los mensajes.

La suma de estos factores conduce a una conclusión evidente: los derechos de los tártaros han retrocedido notablemente desde el referéndum de marzo de 2014. Hoy están amenazados por una administración que busca un paisaje uniforme, sin prestar atención a la singularidad de una importante parte de la población. Rusia entró en Crimea para liberar a la población del yugo ucraniano y resulta que repite los mismos patrones que denunciaba. Ya no hay militares por las calles yla normalidad se ha recuperado en la región, mas una segunda mirada revela una clara situación discriminatoria. Si Sergei Aksyonov, primer ministro regional de Crimea, dijo que “Crimea no volverá nunca a ser parte de Ucrania”, por lo menos que el pueblo tártaro sí sea parte de Crimea. Con sus representantes fuera de las cárceles y con la posibilidad de optar a un asiento en el Parlamento.

Mustafa Dzhemilev, ex presidente del Congreso del Pueblo Tártaro. (vía Flickr)

Artículo publicado en Eurasianet el 4 de mayo de 2015.

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