Lituania navega hacia la independencia

Hay noticias que recuperadas pasado un tiempo no sólo no dejan de tener relevancia, sino que además van adquiriendo tintes de históricas: este pasado febrero tuvo lugar en Ulsan, Corea del Sur, el bautizo del navío “Independence”, buque que será cargado de gas natural licuado (LNG, en adelante) con destino al puerto lituano de Klaipeda. Este acontecimiento, cuya culminación está prevista para el próximo diciembre, no solo supone un firme paso para cortar, o disminuir, la dependencia gasística del país báltico con la empresa Gazprom, de matriz rusa, sino un movimiento que debe interpretarse como un cambio de tendencia en las relaciones comerciales que imponía Moscú al resto de países de su entorno.  El desarrollo de esta acción geopolítica puede acabar con una época en la que el chantaje y la desigualdad regían la negociación de los contratos de suministro de un recurso básico tanto para Lituania, protagonista principal, como para los países de su entorno. Además, supone comprobar cómo Lituania asume el liderazgo en una región tentada por occidente y presionada por Rusia; un liderazgo que no encuentra resistencia interna en un país con un fuerte sentimiento nacionalista y un fuerte arraigo europeísta.

Desde dónde se parte

Lituania se presenta como uno de los actores más desconocidos y sin embargo interesantes de la Unión Europea. Recuperada su independencia en el 1991, el país demuestra un fuerte sentimiento nacionalista que ha servido para salir adelante ante las trabas puestas desde Moscú. Mirando a su alrededor encuentra los apoyos de los países escandinavos y, sobre todo, de Polonia, quien ha sido uno de los principales pilares de su ingreso en la Unión Europea. La coyuntura no invita al optimismo ya que todavía se encuentra aislada de las redes energéticas de Europa, con una alta dependencia exterior que le hace ser bastante vulnerable. La convergencia de estos dos hechos, el entusiasmo que supone pertenecer a la Unión Europea y la delicada situación energética del país, se han plasmado en la iniciativa de llevar el LNG por mar hasta Klaipedas.

Mapa de precios del gas ruso en Europa

Evitar el chantaje

Lituania ahora mismo está pagando por el gas la segunda cantidad más elevada de entre los países miembros de la Unión Europea, solo por detrás de Bulgaria. Esta no ha sido la tónica habitual ya que Lituania era uno de los países que menos pagaban por este fluido elemento. Todo cambió cuando se produjo un giro hacia Occidente, plasmado en el doble ingreso en el año 2004 en la Unión Europea y la OTAN. Ingreso tomado como una terrible afrenta por Moscú, que comenzó a activar la maquinaria para castigar a los “desertores”. Desde entonces el precio ha ido subiendo hasta cantidades inasumibles para gran parte de la población que, incluso, se ve obligada a fraccionar el pago ante la imposibilidad de hacer frente al coste mensual. Sirva como ejemplo el aumento que experimentó el precio de gas desde 2010 a 2013: un 25 % para la Unión Europea y hasta un 45 % para Lituania. El  gobierno presidido por Dalia Grybauskaitė desde el 2009 (y reelegida en 2014) se ha visto en la obligación de buscar alternativas ante la asfixia que producía la situación dando prioridad a la empresa; prioridad que aumentó después de todo lo sucedido en Ucrania y ante el temor de que el giro de la política exterior rusa les pudiera perjudicar. El impacto económico que supondrá llevar a cabo la acción gasista será la mitad del coste que de la construcción de una planta de regasificación terrestre, sin olvidar que el depósito del buque debería cubrir las necesidades de un año entero y que el contrato con la empresa naviera se ha firmado por una duración de diez años con opción a compra.

Bien es cierto que desde Vilnus guardan un as en la manga: para suministrar gas a Kaliningrado, ciudad portuaria rusa, todos los gaseoductos pasan por territorio lituano por lo que parece inconcebible que se corte el suministro. Hecho que también juega en su contra ya que las únicas tuberías que llegan al país vienen de su vecino oriental por lo que hasta ahora, antes de la llegada del “Independence”, no había otra salida para un país considerado como una isla en materia energética.

Cuando el nacionalismo vence al ecologismo

¿Qué supondrá la llegada del “Independence”?La iniciativa para traer el LNG desde un lugar tan lejano ha contado con el apoyo mayoritario, tanto de la clase política como de la sociedad civil. En un país con una población cercana a los tres millones de habitantes este acontecimiento no ha suscitado debate alguno. Las obras que se han realizado en el puerto de Klaipeda para poder recibir un buque de 294 metros de largo, 46 metros de ancho y 26 metros de profundidad han dejado una importante huella en el istmo de Curlandia, que figura dentro de la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. A pesar de esto, ni los ecologistas han presentado mucha oposición entendiendo que las necesidades de la población han de ser priorizadas en este asunto. Como dice un miembro de Zvejone, organización ecologista local: “No seré quien yo quien se convierta en un enemigo de la patria”. Es el momento en que las prioridades han ido amoldándose a la coyuntura. También se debe aclarar que las medidas de seguridad en el puerto se han robustecido con el fin de evitar un desastre.

El efecto que tenga la llegada antes de finales de año del buque “Independence” (no es una traducción ad hoc, sino que el barco ha sido nombrado en inglés y no en lituano, otro rasgo del carácter supranacional de la medida) no se quedará en lo meramente económico, ya de por sí notable al aliviar el coste de las facturas del gas en media del duro invierno. Su efecto tendrá una repercusión en toda la zona de los países C.E.I. y bálticos, para comenzar. Las condiciones impuestas por las empresas rusas pueden tomar un nuevo cariz que permitirá una negociación más justa. Pero, sobre todo, elevará a Lituania como país líder en la región, sirviéndose de las estructuras internacionales de las que ya es parte para comenzar una nueva etapa de reformas que le lleven a una situación de mayor fortaleza y menor dependencia.

Foto:  Dalia Grybauskaitë, presidente de Lituania [vía Flickr]

Artículo publicado en United Explanations el 30 de septiembre de 2014.

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