Crisis en Ucrania, la carrera que disputan Rusia y Occidente

 

Equilibrium Global

Desde la red de alianzas con think-tanks y expertos en diferentes capitales del mundo, nos llega desde España el análisis del analista internacional Ricardo Lenoir. “La Unión Europea tenía un primer objetivo que ha acabado cumpliendo: conseguir que Ucrania firmara el Acuerdo de Asociación”, remarca el analista de “United Explanations”. La crisis en Ucrania, hoy en una situación de estancamiento, donde la diplomacia de Kiev sigue bajo una dinámica vía Bruselas y Washington, y en fricción permanente con la perspectiva de Moscú. La mirada sobre la OTAN, que en tiempos de cambios y con varios frentes abiertos, suma interrogantes al atolladero en el que ha caído el conflicto que tiene al este del territorio ucraniano en estado de inestabilidad y violencia. Compartimos entrevista de Vanina Soledad Fattori al analista Ricardo Lenoir, miembro de la Asociación de Periodistas Europeos.

Para interpretar la crisis en Ucrania y las fricciones que se vienen generando con Rusia, qué significado tiene para Usted el suceso de Noviembre del 2013, cuando en la cumbre de Vilnus el entonces Presidente de Ucrania, Victor Yanukovich, dijo no al formato de alianza que planteaba Bruselas. Cuáles serían para Usted las raíces del conflicto que padece el pueblo de Ucrania.
Las presiones realizadas sobre el gobierno de Ucrania en esa cumbre han de interpretarse dentro de la carrera que disputan occidente y oriente, la Unión Europea y Rusia, por ampliar y consolidar su control en la frontera que les separa. Sucede que el anfitrión de la cumbre, Lituania, es una de las tres repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania, de norte a sur) las cuales decidieron dar un giro contundente hacia occidente con su doble ingreso en la Unión Europea y OTAN en el año 2004. La  situación de Ucrania es distinta a la de este grupo de países, empezando porque sí es miembro de la Comunidad de Estados Independientes, pero ha servido de ejemplo para saber a qué chantajes se verían sometidos en caso de dar la espalda a Rusia, tanto económicos como energéticos, si es que al final existe alguna diferencia. Por lo tanto Kiev presentó unas condiciones económicas para garantizar su adhesión pero se encontraron con que el 2014 no es el 2004 y la coyuntura de crisis ha hecho que la oferta no haya sido satisfactoria, acción explicada desde Bruselas como que el acceso a la Unión no se discute en un bazar sino que debe ser un acto voluntario y decidido. Llegados a este punto desde el gobierno de Kiev debieron pensar que quizá su futuro esté mejor al cuidado de las atenciones de Moscú antes que a las de Bruselas.UK MAP1
En este caso se ha producido lo que en la mayoría de los países que recuperaron su independencia de la extinta Unión Soviética: la voluntad de los gobernantes y la de la ciudadanía son divergentes, por lo que la única manera de expresar su malestar fue salir a la calle, habida cuenta que la representación en la Rada Suprema no respondía a las sensibilidades e intereses de la población. De ahí que en el otoño del 2013 tuvieran lugar las movilizaciones con el Euromaidán como epicentro, donde confluyeron un heterogéneo grupo de manifestantes entre los que se podían encontrar europeístas y nacionalistas, con lo contradictorio que puede llegar a suponer. Rechazar la culminación de las negociaciones para el ingreso en la Unión Europea y prolongar la dependencia de Rusia fue la gota que colmó el vaso, ya que las manifestaciones fueron aprovechadas para denunciar la paupérrima situación en la que se encuentra el país. Este tipo de acontecimientos son siempre multifactoriales por lo que intentar encontrar una sola explicación puede llevar al error en la interpretación de los mismo, hecho que se agrava al poder repetirse a corto plazo en otros países de la región.

Sobre el factor Crimea, territorio que la Federación Rusa ha anexado, ¿Qué opina sobre la labor de la diplomacia ucraniana? ¿Ahora Kiev quedó en la posición de tener que salir al mundo a justificar sus derechos sobre Crimea?
La labor diplomática de Kiev ha sido facilitada ya que no hay en la comunidad internacional un solo organismo occidental o neutral, ergo fuera de la órbita rusa, que haya legitimado la adhesión de Crimea. Fue un acto en el cual Rusia, de manera nada disimulada, fue aportando militares armados en el territorio en un acto que difícilmente será superado a la hora de violar leyes internacionales, empezando por el hecho de que los militares no llevaban distintivo del país a pesar de que todo el material de guerra era, inequívocamente, ruso.
La labor de la diplomacia ucraniana no resulta tan relevante en este caso, ya que ha sido la parte rusa la que ha llevado la iniciativa en el conflicto. Ucrania es una pieza más en el camino de Bruselas y Moscú por ir asentando su presencia en la zona. Un repaso a las últimas incorporaciones a la Unión Europea, hoy con hasta 28 miembros, sirve para ir comprobando como la ampliación de la misma hacia el este ha sido un decisión no solo firme y decidida, sino que también apoyada por la OTAN. Estos dos actores son contra los que lucha Rusia para mantener el liderazgo en lo que entienden como su zona de influencia.
Una vez que se complete el proceso de integración en la Unión Europea, la diplomacia ucraniana se verá diluida dentro del grupo, de manera comprensible para unos, de manera horrible para otros. Dentro de este contexto nadie debe llevarse las manos a la cabeza si Rusia se opone a la estrategia mixta entre la Unión Europea y OTAN y decide defender lo que entiende que es suyo: desde el Kremlin no pueden mantenerse mano sobre mano cuando el enemigo sigo con prácticas que ya se pensaban desterradas, como potenciar una OTAN que desde la caída del muro de Berlín perdió la razón de ser.

¿Cómo califica el rol de la OTAN? Hemos visto momentos muy críticos por la crispación que se generaron desde las declaraciones hasta los movimientos de tropas. ¿Cree que ha aportado algo la OTAN en solucionar la crisis?

La OTAN ha afrontado la situación con sanciones y, por el momento, su decisión de no intervención bélica. Son momentos de cambio en la organización, con dos grandes frentes abiertos: terrorismo islámico (concentrada en la figura del ISIS) y la actual situación con Rusia. De esos dos, el que nos toca llevará a la OTAN a estirar al máximo la vía diplomática ya que el escenario está demasiado cerca de sus fronteras como para comenzar un conflicto bélico. La política de ampliación ha conseguido que salvo dos países, Bielorrusia y Ucrania, el resto que servían de cinturón de seguridad haya ido cayendo del lado occidental por lo que la sensibilidad hacia la no intervención armada ha ido subiendo. Ahora, en otoño del 2014, la situación parece haberse enfriado, aunque queda pendiente concretar bajo control de quién queda la zona del este de Ucrania y si Crimea es finalmente aceptado como territorio rusa, recordando que incluso ya se han celebrado elecciones en la zona, obteniendo una nada sorprendente victoria el partido Rusia Unida.
Para entender las relaciones entre Moscú y la OTAN habría que mirar atrás, justo cuando Vladímir Putin alcanzó el poder e intentó acercar posturas con la OTAN. Un acercamiento no tan estrecho como para integrarse en la organización pero sí lo suficiente como para colaborar en asuntos de defensa entendiendo que ninguna era ya el enemigo del otro. Ayudaba la sintonía que mantenía con los líderes de entonces: Schröder, Berlusconi, Jospin,,, incluso Bush, hilando fino. Pero sucedió el ataque del 11-S y con él el tablero internacional sufrió un radical cambio, despertando los recelos entre las partes. Y de ahí el comienzo a una nueva etapa de tensión, no aliviada ni por la guerra en Osetia del Sur en el 2008 ni por los combates que actualmente se libran en Ucrania y que han dejado miles de víctimas.
Por lo tanto no está clara la solución que puede aportar la OTAN al conflicto, justo en un momento en el que su capacidad de intervención se ve mermada por la coyuntura económica ya que la aportación de los países ha disminuido en el último lustro. De cómo solucione estos dos retos, el terrorismo islámico y la nueva etapa de expansionismo ruso, dependerá parte de su legitimidad. Redundando en el punto anteriormente explicado,  una legitimidad que muchos discuten después del final de la guerra fría.

¿Qué diría a Usted de la política exterior de Europa frente a esta crisis? Bruselas se ha mantenido firme en su apoyo a la posición de Kiev, desplegando acciones muy fuertes contra Moscú. ¿Qué balances podemos tomar de los resultados obtenidos de la línea de acciones que encaró la Unión Europea en todo el proceso de crisis?

La Unión Europea tenía un primer objetivo que ha acabado cumpliendo: conseguir que Ucrania firmara el Acuerdo de Asociación, hecho que se produjo el pasado mes de junio. Este acuerdo, firmado a su vez por Moldavia y Georgia, supone mayor libertad de movimientos suprimiendo las barreras aduaneras y fortaleciendo los acuerdos bilaterales. Como era de esperar, esta acción ha tenido una respuesta inmediata de Rusia, quien lo ha entendido como una afrenta y ha iniciado el proceso para introducir aranceles para los productos ucranianos. Desde el punto de vista económico quedará por ver cómo afecta estas dos iniciativas tanto al mercado ucraniano como al europeo, pero más allá queda por ver cómo queda el suministro de gas ahora que ya entramos en el inverno, mucho más duro en esta zona que en el resto de Europa. Todo con la cumbre euroasiática que tendrá lugar en Milán los días 17 y 18 de octubre y de la que se esperan movimientos concluyentes. Atención especial a la gestión que decida Rusia sobre sus reservas de gas.
La postura de la Unión Europea en esta crisis ha sido fácil de interpretar ya que todos sus miembros estaban en sintonía; otra cosa hubiera sido el haber encontrado posturas divergentes, con París y Berlín apoyando diferentes acciones. No se puede dar por hecho que exista una diplomacia europea “per se” ya que la Unión Europea funciona sin problemas cuando se trata de asuntos económicos, con el éxito de la implantación del euro como moneda única como ejemplo, pero que bien distinto ha sido cuando se ha tenido que pronunciar sobre conflictos externos, ora sobre Irak, ora sobre Siria. Entender que su posición ha salido más reforzada es darle el beneficio de la duda: qué se puede esperar de la los 28 aparte de su deseo de expansión. Otra cuestión a aclarar es saber qué pasará cuando el gobierno de países como Ucrania estén liderados por partidos con menor arraigo europeísta, con una hipotética vuelta al poder de partidos que basculen más hacía Moscú. No se debe olvidar que el Ejecutivo liderado por Poroshenko es un amalgama en el que cohabitan miembros de partidos que difícilmente tendrían lugar en muchos países de los 28.

Ucrania hoy, cómo resolver su situación político social, cuando los ciudadanos del este no se sienten nacionales ucranianos. Qué alternativas cree que pueden desarrollarse en el futuro próximo.

Ucrania se enfrente a un reto habitual en países que experimentan avances económicos: saber cómo satisfacer las demandas sociales y políticas que vienen inmediatamente asociadas. No paran de repetir desde el Ejecutivo ucraniano que firmar el acuerdo con la Unión Europea es el acontecimiento más importante desde la que se logró la independencia de la URSS, pero esta alegría, dando por bueno que es compartido por todos sus ciudadanos, no es sino el primer paso para una serie de transformaciones. La ciudadanía, la sociedad civil, demanda cambios a todos los niveles; una vez que se ha conseguido un cierto despegue económico, lo siguiente es poder tener un margen de libertad para disfrutar esta mejoría. Es aquí donde naufragan muchos sistemas, quedándose en la esfera económica desoyendo las demandas sociales. El balón de oxígeno que ha supuesto la firma del convenio con la Unión Europea dejará de tener efecto si no se soluciona uno de los principales, sino el primer, problema en Ucrania: una corrupción estructurada. No se puede construir contra el enemigo (Rusia) sino crecer sobre un estado de derecho. La estabilidad del país no dependerá tanto en qué pasará con las zonas del este sino en el tipo de país que los dirigentes ofrezcan a la población. No se trata de obviar las consecuencias del conflicto armado, en el que repito que hay miles de muertos, sino de establecer las líneas de país para el futuro. Defensa de los derechos humanos, libertad de prensa, respeto a las minorías son tareas que una vez avanzadas aclararán hacia dónde se dirige Ucrania, servirán para adelantar el ingreso en la Unión Europea y arrinconarán a Rusia en su suicida carrera para mantener el poder en una región que va camino de cumplir el cuarto de siglo desde que reconquistó su soberanía.

Entrevista concedida al think tank Equilibrium Global el 18 de octubre de 2014.

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